Homilía Domingo 15 del T.Ordinario

. El universo entero y cada persona llevamos dentro una semilla que es el sueño de Dios.

. Es nuestra vocación personal, la de la humanidad y la del universo entero: crecer hacia la unidad. Unidad con nosotros mismos, en nuestro interior, unidad con los demás, con la naturaleza y con Dios. 

. La historia es la lucha por crecer hacia la unidad, atravesando todas las dificultades y obstáculos que nos nacen de dentro y de fuera y que se reflejan en todas las guerras, violencias e injusticias de ayer y de hoy.

. Pero, en el fondo de esa historia hay una semilla, el sueño de Dios. Algo que se va construyendo, pero no es algo ya realizado. Tiene que hacerse realidad. Su ritmo de crecimiento es lento y oculto, un ritmo que no es el de la eficacia sino el de la fecundidad. 

. En nuestra sociedad se habla más de productividad y eficacia que de fecundidad. Se trata de lograr un efecto deseado con el mínimo de recursos y en el menor tiempo posible. 

. El sueño de Dios se realiza con otro ritmo. El sueño de Dios es algo tan misterioso y dinámico como una semilla en la que está el germen de la vida, pequeña pero con una fuerza arrolladora que la hace crecer cuando encuentra tierra buena.

  ¿Tienen que ver algo nuestros sueños con el sueño de Dios?

. Hay violencias e injusticias pero también deseos de paz y de respeto a los derechos de todos. Hay miedo ante el futuro pero también esperanza. Hay consumismo egoísta pero también solidaridad. Hay indiferencia religiosa pero también nuevas inquietudes.       

. En la 1ª lectura se compara la lluvia que hace  germinar la semilla con la palabra de Dios que cumple el encargo que ha recibido. En la 2ª se habla de que la creación sufre dolores esperando la manifestación del sueño de Dios. En el evangelio se afirma que la palabra hace realidad el sueño de Dios.

·         Cuando sobre la tierra cae el agua, las semillas echan raíces y despliegan sus fuerzas de vida. A veces  nos parece  que el mundo no produce frutos buenos e incluso nosotros mismos tampoco. Pero la Palabra de Dios produce el mismo efecto que el agua sobre la tierra, porque es capaz de despertar el sueño que Dios ha sembrado en cada uno y en el mundo.

. Isaías 55, 10-11 

·         Nuestra vocación es la esperanza y, desde ella, afrontamos las dificultades en espera de que el sueño de Dios se realice en plenitud. Por medio de Cristo hemos sido hechos hijos de Dios y llamados a la libertad.

. Romanos 8, 18-23

·         El sueño de Dios puede venirse abajo. Es el precio que Dios paga por la libertad humana. Escuchar la Palabra de Dios y acogerla es escuchar la llamada que todos llevamos dentro. Entonces florecen los valores que nos hacen plenamente humanos y el sueño de Dios se va haciendo realidad. De nuestra respuesta depende la cosecha.

. Mateo 13, 1-23 

. La 1ª lectura nos invita a realizar la metáfora que anuncia.

. El mundo está empapado del sueño de Dios que como semilla ha sido sembrado. Germinará, porque aunque parte se pierda porque no se responde adecuadamente, otra parte da fruto abundante.

. El apóstol afirma que la creación sufre pero su llanto no es de desesperanza: la creación será transformada.

. No solo la creación sufre sino también los seres humanos. Pero los creyentes aguardan con esperanza la realización del sueño de Dios mientras descubren ya las señales de que ese sueño empieza a realizarse. 

. ¿Qué es lo que queda del esfuerzo evangelizador?

. La parábola responde a esta pregunta. No toda la semilla fructifica, pero esto no justifica el desánimo ni el pesimismo. Hay también tierra buena  que produce cosecha abundante. A veces, una persona sola transforma la realidad donde vive. 

¿Qué obstáculos encontramos para que la Palabra dé frutos abundantes en nosotros?

. La Palabra de Dios es algo que alguien nos transmite.

. Pero esa Palabra, antes de ser anunciada, está inscrita en nuestro interior es lo que llamamos el sueño de Dios. Por eso, lo que ella nos descubre tiene relación con nuestros sueños y deseos más hondos, con nuestras aspiraciones más nobles: libertad, justicia, fraternidad, unidad.

. Escuchar y acoger la Palabra es descubrir los lazos que nos unen con los otros, con la creación y con Dios y trabajar para construir unidad: personas no desintegradas, sino unificadas entre lo que piensan dicen y hacen.

. Acoger la Palabra no es acoger unas normas establecidas en nombre de Dios, sino responder a nuestra vocación humana para lo que Jesús nos ofrece el camino que no es otro que su manera de vivir.

. No acoger la Palabra es fracasar como persona, porque es no seguir el sentido profundo sembrado en nosotros.

. No se necesitan cosechadores  sino sembradores de esa Palabra. No se trata de cosechar éxitos, sino de sembrar, como seguidores de Jesús, palabras de esperanza. No somos malos del todo porque llevamos dentro de nosotros la semilla del sueño de Dios.

. Despertar ese sueño de Dios, dormido en el fondo de tanta gente, es despertar a la vida a tanta gente que viven pero que está muerta. Es despertar la bondad, la generosidad y el amor en mucha gente pequeña y humilde.

. Al celebrar la Eucaristía, Dios hace en nosotros dos siembras.

. Siembra su Palabra que nos hace descubrir lo bueno que llevamos dentro y siembra el Pan de vida que enriquece la nuestra llenándola de sentido.

. Y, como ha dicho el profeta Isaías,  esas palabras no vuelven a Dios sin que cumplan su misión hacernos dar frutos de vida. Depende de cómo la acojamos.

 
         Canto:

Acojamos la Palabra de Dios y seamos sembrador@s de esperanza, para que su sueño se haga realidad en muchas personas.

 

 

(Para oír el canto pulsar sobre el reproductor)

 

 

 


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