"La guerra nunca es santa, solo la paz es santa, porque es la voluntad de Dios"
(Papa León XIV)
Desde la Comunidad de la Parroquia de San José Obrero de El Puerto queremos expresar nuestro rechazo a los bombardeos que los ejércitos de Estados Unidos e Israel han realizado sobre el pueblo de Irán. El pueblo iraní vive desde hace años bajo un régimen teocrático que limita muchos de sus derechos y libertades, y que somete especialmente a las mujeres a graves restricciones y discriminaciones que atentan contra su dignidad. A esa situación se suma ahora el sufrimiento y la destrucción que provocan los ataques militares, que siempre terminan afectando sobre todo a la población civil.
Esta ofensiva militar no puede entenderse solo como una guerra preventiva o como una respuesta a una amenaza inmediata. Detrás de estos conflictos existen intereses políticos, económicos y estratégicos. En muchas ocasiones, los territorios donde estallan las guerras son lugares importantes por su posición geográfica o por sus recursos energéticos. Por eso es necesario mirar estos acontecimientos con espíritu crítico y tratar de comprender qué intereses hay detrás de las decisiones que toman los gobiernos.
Como cristianos, además, rechazamos que la religión se utilice para justificar la violencia o la guerra. La fe, sea cual sea, debería ser siempre un camino de encuentro, de respeto y de paz entre los pueblos, nunca un motivo para el enfrentamiento.
Lo que está ocurriendo en Irán no es un hecho aislado. En el mundo vemos otros conflictos que siguen causando sufrimiento y destrucción: la guerra en Ucrania tras la invasión de Rusia, el genocidio que sufre la población de Gaza, o la larga situación de injusticia que afecta al pueblo del Sáhara Occidental. A estos conflictos se suman muchos otros en distintas partes del mundo que, aunque reciben menos atención, también provocan dolor, pobreza y desplazamientos de millones de personas.
Todos estos hechos nos recuerdan que el uso de la fuerza nunca es una verdadera solución a los problemas entre los pueblos. Las guerras pueden cambiar fronteras o gobiernos, pero casi siempre dejan tras de sí destrucción, odio y nuevas injusticias.
Ante esta realidad, no podemos permanecer indiferentes. Vivimos en un mundo cada vez más interconectado, y lo que ocurre en un lugar termina afectándonos a todos de una manera u otra. Por eso es importante informarnos, reflexionar y no acostumbrarnos al sufrimiento de otros pueblos.
La historia nos demuestra que la presión de la sociedad, cuando se expresa de forma pacífica y organizada, puede influir para cambiar decisiones políticas y contribuir a abrir caminos de diálogo y de paz. Por eso animamos a todas las personas a participar en las iniciativas sociales, en las actividades de organizaciones civiles y en las movilizaciones pacíficas que se convoquen para defender la paz, la justicia y el respeto a la dignidad de todos los pueblos.
Creemos que, como ciudadanos y como creyentes, tenemos la responsabilidad de alzar la voz frente a la violencia
y de apoyar todas las iniciativas que busquen
construir un mundo más justo,
donde los conflictos se resuelvan mediante el diálogo y no mediante
las armas.

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