viernes, 19 de febrero de 2021

 

  GRUPO PASTORAL DE MIGRACIONES

   (Febrero 2021)



 

Desde el grupo de Pastoral de Migraciones, queremos compartir con la Comunidad, la situación que se está dando actualmente en la Frontera Canaria. Cientos de personas migrantes llegan diariamente a ella en pequeñas embarcaciones, carentes de toda seguridad. Un drama que se concentra en dichas Islas y que, nos llega a través de los medios de comunicación casi de pasada y  en muchas ocasiones con informaciones  superficiales y contradictorias.

Queremos reproducir la entrevista realizada a Xhema Santana, periodista y portavoz de CEAR Canarias. Su testimonio hace visible el trágico drama que continuamente viven miles de personas. La charla dura unos 11 minutos, pero está cargada de realidad, de dolor, de preguntas sin respuestas, de interpelaciones, …

Conocer desde otra mirada la realidad, nos ayuda a profundizar y a reconocer a Dios Nuestro Padre- Madre, en las mujeres y en los hombres, en los jóvenes y en los niñxs, en sus rostros y en sus mochilas cargadas de sufrimientos y esperanzas. Pidámosle a Dios por cada uno de ellos, pero pidámosle también por nosotros y nosotras, para que no nos deje caer en la indiferencia y potencie nuestro compromiso y solidaridad, aunque los tiempos que corren sean difíciles.

 

Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí». entonces los justos le responderán, diciendo: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer, o sediento, y te dimos de beber?  ¿Y cuándo te vimos como forastero, y te recibimos, o desnudo, y te vestimos?  ¿Y cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?». Respondiendo el Rey, les dirá: «En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis». 

Mateo 25, 35-40


Una vez abierto el vídeo pinchar en el cuadradito de arriba a la derecha para verlo a pantalla completa.

sábado, 5 de diciembre de 2020

Adviento 2020

 


Adviento 2020

Parroquia de San José Obrero


Jesús, regalo de Dios al mundo

Juan 3, 16-17.

   El evangelista Juan habla del encuentro de Jesús con un importante fariseo llamado Nicodemo. Es él quien toma la iniciativa y va a donde Jesús “de noche”. Intuye que Jesús es un hombre venido de Dios, pero todavía se mueve entre tinieblas.

   Nicodemo representa a todo aquel que busca sinceramente a Jesús. En cierto momento, Nicodemo desaparece de la escena y Jesús continúa su discurso para terminar con una invitación a todos a no vivir en tinieblas, sino buscando la luz.

  En este discurso hay una frase que recoge el núcleo esencial de la fe cristiana: “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único”. Este amor de Dios es el origen y el fundamento de nuestra esperanza.

1.-“Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único para que no se pierda ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna”  (versículo 16)

 

1.1. Dios ama al mundo.

  Dios ama a nuestro mundo tal como es inacabado e incierto. Lleno de conflictos y contradicciones. Capaz de o mejor y de lo peor. Busca progreso y bienestar y general desigualdad, hambre y miseria. Siente hambre de paz y enciende guerras crueles  que destruyen países enteros. Este mundo no recorre su camino solo, perdido y desamparado. Dios lo está envolviendo con amor de Padre.

1.2. Ama tanto al mundo que le da a su Hijo único.

   El amor de Dios al mundo se concreta en que le a su Hijo. Este Hijo único, amado por el Padre con un amor único, lo quiere compartir ahora con el mundo. El mismo Juan lo explica en (1ª Juan 4, 9-10) ”En esto consiste el amor no  en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo”

1.3. Dios es de todos.

   Es el gran regalo de Dios al mundo en su totalidad, no sólo a los cristianos. Por eso cuando acogemos a Jesús como el gran regalo de Dios al mundo no hemos de hacerlo de manera egoísta, sino descubriendo en él el amor y la cercanía de Dios a todo ser humano. Las palabras de Jesús no nos invitan a condenar al mundo sino a comunicar con nuestra vida el amor de Dios a todo ser humano.

 

1.4. Para que no se pierda ninguno de los que creen en Él.

   El objetivo de ese gran regalo de Dios es que no se pierda nadie que crea en ese Hijo que ha enviado al mundo. Es una invitación a descubrir en Jesús a ese Hijo enviado por el Padre con la única tarea de salvar a sus hijos. En él hemos de confiar. El nos conducirá al Padre.

 

2.- “Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él” (versículo 17)

   El evangelista destaca todavía más que la voluntad de salvar al mundo es universal, no solo de una parte privilegiada de la humanidad.

   Dios no abandona a nadie. Acompaña a cada persona en su recorrido, pues tiene sus caminos que nosotros desconocemos, para encontrarse con cada uno de sus hijos/as. Dios está siempre en nosotros buscando salvar lo que nosotros echamos a perder. Nuestro mayor error sería olvidar esto, encerrarnos en nuestros prejuicios y condenas impidiendo a los no creyentes abrirse a esta fe primera en el misterio de Dios y que es principio de toda tarea evangelizadora.

 

   El mensaje más original de Jesús ha consistido en invitar al ser humano a confiar incondicionalmente en el misterio que está en el origen de todo y que se llama Dios. Esto es lo que resuena en su anuncio: “No tengáis miedo…Confiad en Dios…Llamadlo Padre… Tened fe en su acción salvadora”,

 

3.- Ahondando en el regalo de Dios.

   Para ello nos pueden servir unas palabras que Juan recoge en su evangelio (Juan 4,6):”Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mi”.

   Estas palabras son una invitación a acoger a Jesús como el camino que nos conducirá hasta el Padre. Significa en primer lugar no vivir estancados en nuestra fe, caminar siempre, no detenernos, renovarnos, seguir a Jesús con fidelidad.

   Nos invitan también a buscar en Jesús la verdad, el secreto de la existencia. Para ello es preciso mantenernos en la palabra de Jesús, pues así conoceremos la verdad y “la verdad nos hará libres” (Juan 8,3).

   Finalmente se nos invita a buscar en Jesús la vida plena que tanto desea el ser humano. Esto significa abrirnos al Espíritu para aprender a vivir el estilo de vida de Jesús, que es el camino más acertado para vivir.

 

MEDITAMOS EL EVANGELIO.

Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único….

¿Soy consciente de cómo ama Dios al mundo de hoy tal como es, con sus conflictos y contradicciones?

¿Qué siento al saber que Dios ama a todo ser humano? ¿Me alegro? ¿Me quedo indiferente?

¿Cómo acojo yo el amor de Dios? ¿En actitud individualista, pensando solo en mi pequeño mundo o unido al mundo entero?

¿Cuál es el primer sentimiento que brota en mí al pensar que Jesús, el Hijo querido de Dios, no es solo de los cristianos?

No mandó a su Hijo a condenar al mundo sino para que el mundo se salve por él.

¿Amo, condeno al mundo o me resulta indiferente?

¿Cómo vivo yo en la sociedad del bienestar y del consumo: olvidado o indiferente al mundo de los excluidos? ¿Comprometido, en lo que puedo, con la causa de los últimos?

¿Cómo puedo yo contribuir a construir un mundo más fraterno, más solidario?

¿Cómo puedo yo contribuir a que los cristianos sigamos a Jesús desde un horizonte más amplio?

¿Qué relación tiene el Evangelio que meditamos con la Navidad que vamos a celebrar?

 

Volvamos a Jesús

Volvamos a Jesús, su palabra es de fuego.

Volvamos a Jesús, fuente de agua viva...

Volvamos a Jesús, su Espíritu nos hace libres.

Volvamos a Jesús, él nos conduce al Padre.

 

Jesús, tú, el Hijo querido eres nuestro hermano, tú vas a nuestro lado.

Tu amor está abierto a todos y es más fuerte si somos débiles.

Tu palabra nos invita a velar por todos nuestros hermanos.

 

Jesús, tú, el Hijo querido, eres nuestro guía, nosotros tus discípulos.

Tú no impones ni leyes ni obligaciones que oprimen.

Tú nos pides amar a todos como tú nos amas.

 

Jesús, tú, el Hijo querido, eres nuestro sol; nosotros tus amigos.

Tu ternura nos acoge, en tu mirada solo hay compasión.

Tú nos dices que siempre a la vista está tu perdón.

 

Jesús, tú, el Hijo querido, eres el camino, la vida, la verdad.

Tú no hablas del Reino, donde todos han de ser amados.

Tú impulsas a construirlo, todos juntos y sin tardar.

 

Tú en mí, yo en todos

Tú siempre a mi lado

en mis noches más oscuras, en mis días claros.

Tú, conmigo a cada paso

cuando llega la alegría y en días amargos.

Tú en mí, yo en todos,

Todos juntos en ti.

Tú siempre a mi lado

cuando susurras mi nombre o me siento abandonado.

Tú, conmigo a cada paso

cuando vuelo por los montes y cuando caigo.

Tú, siempre a mi lado

en praderas y en valles y en desiertos solitarios.

Tú, conmigo a cada paso

entre gentes, en las calles y en rincones olvidados.

 

El amor se hizo niño

     La Navidad encierra un secreto que escapa a muchos de los que en estas fechas celebran algo sin saber exactamente “qué”. No pueden sospechar que la Navidad ofrezca la clave para descifrar el misterio último de nuestra existencia.

   Generación tras generación, los seres humanos han gritado angustiados sus preguntas más hondas. ¿Por qué tenemos que sufrir, si desde lo más íntimo de nosotros todo nos llama a la felicidad? ¿Por qué la muerte, si hemos nacido para la vida? Y preguntaban a Dios, pues, de alguna manera, cuando buscamos el sentido último de la vida estamos apuntando hacia él. Pero Dios guardaba silencio.

   En la Navidad, Dios ha hablado. No lo ha hecho para decirnos palabras hermosas sobre el sufrimiento. Más que darnos explicaciones, Dios ha querido sufrir en nuestra propia carne nuestros interrogantes y sufrimientos. Dios no ofrece palabras. “La Palabra de Dios se ha hecho carne”.

   Dios no da explicaciones sobre el sufrimiento, sino que sufre con nosotros. No responde con palabras al misterio de nuestra existencia sino que nace para vivir él mismo nuestra aventura humana.

    Esto lo cambia todo. Dios mismo ha entrado en nuestra vida, es posible vivir con esperanza. Dios comparte nuestra vida y con él podemos caminar hacia la salvación.  El está con nosotros. Dios comparte nuestra existencia. Hay una luz. Por eso la Navidad es para os creyentes una llamada a renacer, a reavivar la alegría, la esperanza, la fraternidad y la confianza total en el Padre.

   La Navidad nos hace revisar ideas e imágenes que tenemos de Dios y que nos impiden acercarnos a su verdadero rostro: Dios es amor y nos ama tanto que nos da a su Hijo. Dios no se deja aprisionar por nuestros esquemas y nuestras maneras  de pensar.

 

   Lo imaginamos fuerte, majestuoso y omnipotente, pero él se nos ofrece en la debilidad de un niño débil nacido en las afueras de Belén en la más absoluta sencillez y pobreza. Lo colocamos en lo extraordinario y él se nos presenta en lo normal y ordinario. Lo imaginamos grande y lejano y él se nos hace pequeño y cercano.

   Este Dios encarnado en el niño de Belén no es el que nosotros hubiéramos esperado...No está a la altura de lo que nosotros hubiéramos imaginado. Este Dios nos puede decepcionar. Sin embargo ¿no es precisamente este  Dios cercano el que necesitamos junto a nosotros? ¿No es esta cercanía a lo humano la que mejor revela el verdadero misterio de Dios? ¿No se manifiesta en la debilidad de este niño su verdadera grandeza?

   La Navidad nos recuerda que la presencia de Dios no responde siempre a nuestras expectativas, pues se nos ofrecer donde nosotros menos lo esperamos. Dios se nos puede ofrecer cando quiere y como quiere, incluso en lo más ordinario y común de la vida.

   Ahora sabemos que lo podemos encontrar en cualquier ser indefenso y débil que necesita de nuestra acogida. Puede estar en las lágrimas de un niño o en la soledad de un anciano. En el rostro de cualquier persona podemos descubrir la presencia de ese Dios que ha querido encarnarse en lo humano.

   Esta es la fe revolucionaria de la Navidad, el escándalo más grande del cristianismo, expresado magistralmente por Pablo: “Cristo, a pesar de su condición divina, no se aferró a su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de siervo, haciéndose uno de tantos y presentándose como simple hombre” (Filipenses 2, 6-7).

    Jesús es el gran regalo de Dios. En él, Dios no es alguien desencarnado e inaccesible, sino alguien próximo y cercano. Un Dios al que podemos tocar de alguna manera siempre que tocamos lo humano.


MEDITAMOS EL EVANGELIO

. Lee despacio Lucas  2, 1-20.

. Lo conoces de sobra. No busques novedades. Saboréalo. Contempla la escena.

. Luego, considera la expresión: “Os ha nacido un Salvador”. ¿Qué te dice? ¿Es Jesús tu salvador? ¿De qué te salva?

. Reflexiona en la expresión: “Os traigo la alegría para todo el pueblo”. ¿Es Jesús una alegría para ti? ¿Cómo? ¿Cuándo?

¿Es una alegría para el pueblo? ¿Por qué? ¿Cómo podrá conocer el pueblo esa alegría? En medio de la pandemia que padecemos, ¿qué nos sugiere esta Navidad?

. Reza la oración: “No me quites la risa”

Quítame el pan si quieres,

quítame el agua, el aire,

el sol., las nubes, los caminos

y hasta las estaciones, si quieres:

pero no me quites la risa.

 

Quítame el sueño, si quieres:

quítame las flores, los frutos,

la voz, los espejos, lo proyectos

y hasta las vacaciones, si quieres:

pero no me quites la risa

Porque sin risa todo sabe a nada.

La vida se encuentra desnuda de gracia.

Yo no sé cómo comunicarme ni qué ofrecerte.

Y tú no logras entenderme.

Déjame la risa, Señor, para gozarte y ofrecerme

 

 

CONCRETAMOS

 

 

·                    ¿Qué puedo y quiero hacer para celebrar la Navidad cristianamente?

 

 

·                    ¿Qué puedo y quiero hacer para transmitir alegría y esperanza?

 

sábado, 25 de julio de 2020

Homilía Domingo 17 del T.Ordinario

. Se habla mucho de realización personal y se propone un tipo de persona preocupada, sobre todo, de una cosa: ¿Cómo sentirme bien conmigo mismo?

. Buscando sentirse bien consigo mismo se busca el dinero, el poder, la comodidad, como un tesoro por el que merece la pena hacer todo. Pero esos tesoros ¿nos realizan y nos liberan o nos esclavizan y esclavizan a otros? 

. No todo da lo mismo, Hay tesoros y tesoros, hay valores y valores. Es necesario encontrar un eje vital desde el que organizar nuestra vida. No todo vale y todo lo que vale no vale igual. 

¿Qué valores son para ti muy importantes? Dílo con una palabra.

. Entre tantos valores hay que sabe elegir porque está en juego ser verdaderamente humanos que es lo que merece la pena.

. Se trata de encontrar una manera de vivir que nos haga felices a nosotros para que podamos hacer felices a los demás. Es el gran proyecto que Dios tiene y que Jesús llamaba “el Reino de Dios”.

. Nada es más importante que buscar el Reino de Dios. Todo lo demás viene después, es relativo, tiene menos importancia. El descubrimiento del Reino cambia la vida de quien lo descubre.

. Para buscar y encontrar el Reino de Dios necesitamos de la sabiduría que Dios da. Ella nos permite colocar por encima de todos los valores el Reino de Dios y valorarlo como un tesoro por el que merece la pena renunciar a otras cosas.

·         El joven rey Salomón hace una petición a Dios. No le pide una larga vida, ni riquezas, ni triunfos políticos, sino un corazón capaz de discernir el bien del mal y poder gobernar justamente a su pueblo. Esta petición agrada tanto a Dios que le concede un corazón sabio e inteligente.

. 1º Reyes 3, 5 . 7-12

 

·         El proyecto salvador de Dios tiene como meta la plenitud de la persona que se realizará en el futuro, pero ya ahora Dios tiene dispuesto un anticipo de esa plenitud para quienes Él ha llamado a ser parecidos a Jesús y a formar parte de la gran familia en la que todos son hermanos.

 

. Romanos 8, 28-30

 

·         Las dos primeras parábolas presentan el Reino como algo que hay que buscar y encontrar. Ese encuentro produce alegría, es como encontrar un tesoro o una perla de gran valor. Todo lo demás es secundario porque el que lo encuentra llena su vida de sentido y alegría.

 

. Mateo 13, 44-52

 

. Lo que Salomón pide en la 1ª lectura  es inteligencia y sabiduría capaces de sintonizar con lo que Dios quiere.

. Lo más importante para un creyente es descubrir cual es la voluntad de Dios. Esa es la más grande sabiduría que permite centrar nuestra vida y realizarnos personalmente. Para ello es necesario saber escuchar al pueblo.

. Lo primero que nos recuerda la 2ª lectura es que Dios nos eligió y nos llamó primero.

. No elegimos a Cristo por pura iniciativa personal. Dios nos eligió primero para llevarnos a la plenitud humana: ser y vivir como hijos/as de Dios y hermanos/as de todos.

. Las dos primeras parábolas tiene elementos comunes y diversos.

. En las dos se habla de habla de algo de gran valor: un tesoro y una perla. Pero mientras el tesoro lo encuentra por casualidad, la perla es fruto del esfuerzo de una búsqueda.

 

. Son las dos dimensiones de la vida cristiana. Dios que sale a nuestro encuentro y nuestro esfuerzo por buscarlo. Los dos protagonistas de las parábolas toman la misma decisión: venden todo lo que tienen.

 

. La tercera tiene un mensaje semejante a la de la cizaña. Somos trigo y cizaña, buenos y malos, pero el juicio está reservado a Dios.

 

¿El seguimiento de Jesús nos produce alegría o tristeza? ¿Cuándo? ¿En qué ocasiones?

. Cada uno/a  de nosotros descubrió, en algún momento de su vida, el Reino y lo eligió como valor único y excepcional.


. Pero con el tiempo nos acostumbramos y no apreciamos la perla en todo su valor e intentamos compaginarla con otros valores. Así cambiamos la libertad por los slogans de moda, la fraternidad por el individualismo. Son cosas que cuestan menos pero que tienen menos valor.


. La valoración de la importancia del Reino supone renuncias, pero lo importante no es el precio que hay que pagar sino el valor que tiene en sí mismo. Los que encontraron la perla o el tesoro no dudaron en venderlo todo para adquirirlo.


. Cristiano no es alguien que ha dejado, sino alguien que ha encontrado. Lo que se encuentra llena las necesidades más profundas y reorienta la vida hacia la plenitud.

 

. El seguimiento de Jesucristo no es una pesada carga de obligaciones sino una experiencia que nos hace libres y alegres.


. Para vivir esa alegría necesitamos la sabiduría que Salomón pidió a Dios. La alegría nos consiste en “saber vivir” volcados en nuestro egoísmo, sino abrirnos al proyecto de Dios revelado por Jesús.


. Diciendo sí a Dios y a su proyecto digo sí a la felicidad que no está en la cartera, ni en lo que aparentamos. Somos felices si somos pobres porque compartimos, limpios de corazón, constructores de la paz, luchadores por la justicia.


. Se trata de probar, porque en cualquier campo está el tesoro escondido y la perla extraordinaria. Basta buscar, tener coraje y estar dispuesto a dejar todo para vivir una alegría nueva y profunda.


. La Eucaristía es también un tesoro escondido.


. Escondido en un trozo de pan y en un poco de vino está el amor de Dios manifestado  en Jesús. Él nos descubre que Dios, nuestro verdadero tesoro, está escondido en nuestro interior, en nuestra vida.


. Sólo llegaremos a apreciar ese tesoro si nos abrimos a los demás y estamos dispuestos a servir a los más débiles.






Canto:

Motivados/as por el amor, busquemos el tesoro y las perlas del Reino. Seamos fieles seguidores/as de Jesús.

 


sábado, 18 de julio de 2020

Homilía Domingo 16 del T.Ordinario

. Deseamos que nuestra Iglesia y nuestra sociedad cambien de una vez a mejor.

 . Y cuando vemos que no sucede así nos unimos al coro de las lamentaciones. Todo está mal. Solo vemos el mal: abusos, mafias, corrupción, escándalos, injusticias...

. Fácilmente se nos olvida que somos parte de esa realidad y que en nosotros crecen juntos el bien y el mal, no sólo fuera de nosotros sino dentro de nosotros mismos.

. El bien y el mal, dentro y fuera de nosotros, aparecen entremezclados. Ni todo es malo ni todo es bueno. En cada persona existe la capacidad de hacer el bien y el mal. 

Ante esta realidad, mezcla de bien y de mal, ¿qué debemos hacer?

. Podemos adoptar diversas actitudes:

. Echarles las culpas a los otros. Así no asumimos la parte de responsabilidad que nos corresponde y juzgamos a los demás sin cuestionar nuestra propia conducta.

. También podemos mirar solamente el mal que está fuera de nosotros, sin verlo en nosotros mismos dejando que crezca dentro de nosotros, sin luchar contra él.

. Nos gustaría ver cómo el bien brota por todas partes y al no ser así, sino que se abre paso entre resistencias y retrocesos, nos desanimamos y perdemos la paciencia y la esperanza.

. Todo esto nos puede llevar a la intolerancia y a la intransigencia. Hay que eliminar el mal aunque sea a la fuerza. Hay que clasificar a las personas en buenas y malas.

. ¿Y Dios qué pensará de todo esto?  Él está lleno de paciencia y moderación. Así nos enseña a ser humanos, a ser justos. Dios da a todos la posibilidad de crecer en humanidad. Intervendrá sólo al final.

·         La justicia de Dios y su misericordia no se excluyen. Debemos aprender de esa manera de actuar de Dios cómo comportarnos con los demás. Al actuar de esa manera nos ofrece la ocasión de cambiar y superar el mal que hay en nosotros. El justo, el creyente, debe ser humano. Es decir, debe actuar con justicia y misericordia como hace Dios.

. Sabiduría 12, 13, 16-19

·         El texto nos invita a una oración auténtica. Está orientada a la realización del sueño de Dios. El Espíritu unido a los creyentes pide que llegue a su cumplimiento.

. Romanos 8, 26-27

·         El reino de Dios, su sueño, se hace presente en la ambigüedad de la historia. Hay que esperar hasta el final para distinguir el trigo bueno de la cizaña mala. Mientras tanto, Dios ofrece la posibilidad de transformarnos y mejorar. Frente a la impaciencia de los que no pueden ver juntos el bien y el mal, la paciencia histórica de los que esperan y trabajan.

. Mateo 13, 24-43

. El autor de la 1ª lectura mira la historia de Israel y ve cómo el ser humano abusa de su poder mientras que Dios actúa siempre con misericordia y así hace justicia.

. De esa manera nos enseña que la persona debe ser justa para ser humana como  justo es Dios que actúa siempre con misericordia. 

. Pablo, en la 2ª lectura, nos invita a disponernos a una oración auténtica.

. Una plegaria que combine la sinceridad de nuestras intenciones y el deseo de acoger cuanto el Espíritu nos sugiera para buscar y realizar en nuestra vida lo que Dios quiere. 

. Las parábolas proclamadas exponen el modo de actuar de Dios.

. La 1ª centra su atención en la aparición de la cizaña, a pesar de haber sembrado buena semilla y en la paciencia necesaria. Las otras dos expresan el contraste entre lo pequeño y lo grande.

. La presencia del Reino es ahora germinal y débil como el grano de mostaza o la levadura, pero que lleva dentro de sí una fuerza transformadora y su crecimiento es imparable.

. La paciencia es el otro gran tema de estas parábolas. Dios es paciente y pacientes debemos ser si queremos ser justos y humanos. Pacientes con una realidad que se resiste a ser cambiada y que va a necesitar de esfuerzo y sudor.

¿Qué nos enseña hoy la Palabra proclamada? ¿Qué nos llama la atención?

. Dios no para de trabajar para transformar el mundo.

. Pero Él transforma de manera callada y oculta. No impone su poder desde fuera, no domina sino que atrae. Y lo hace compartiendo en Jesús las incertidumbres, los problemas y situaciones de la vida. Lo hace desde dentro.

. El Reino de Dios es un fermento de humanidad y crece en cualquier sitio donde se ama al ser humano y donde se lucha  por una humanidad más digna. Es un trozo de levadura que fermenta la masa desde dentro.

. Por ello es necesaria la paciencia. Inhumana es la precipitación que no permite madurar, ni respeta la libertad de cada persona y además estéril porque arruina el resultado final. 

. El mundo y las personas crecemos y nos desarrollamos en un tiempo que Dios respeta profundamente. Él no ha creado un mundo acelerado. Dios espera y así muestra su poder y su confianza en nosotros.

. No soportamos la ambigüedad, que somos y son buenos y malos al mismo tiempo, y buscamos solucionarla como sea. Queriendo avanzar retrocedemos y destruimos parte del trigo que crece con la cizaña.

. El bien y el mal caminan juntos. En la historia de cada uno y del mundo. Y en ese trasfondo Dios ofrece posibilidades porque no utiliza su poder para destruir sino para perdonar.

. Ninguno de nosotros puede abarcar el tiempo entero de la historia para poder arrancar la cizaña y entonces lo que en realidad condenamos no es el mal de la historia sino a otros seres humanos.

. Cada semana, en la Eucaristía, Dios siembra su Hijo en nosotros y deposita en nosotros la levadura del evangelio para hacer crecer en nosotros lo bueno.

. De ahí nacerá una acción desde el interior para mejorar la familia, el barrio, el lugar de trabajo, la organización, la comunidad, y la casa común  que es nuestro planeta.

. No vale la pasividad, ni la vana esperanza de cambios rápidos y espectaculares, sino la confianza en la acción de Dios con la que nosotros colaboramos.

. Jesús se entrega a nosotros ahora para hacernos más humanos, para que seamos como la levadura, fermentos de humanidad en el corazón del mundo y venzamos al mal a  fuerza de bien.

 

 CANTO:

Jesús pone en cada uno de nosotros y de nosotras semillas del Reino para que produzcan frutos de vida y fraternidad.

 

 

 

 


sábado, 11 de julio de 2020

Homilía Domingo 15 del T.Ordinario

. El universo entero y cada persona llevamos dentro una semilla que es el sueño de Dios.

. Es nuestra vocación personal, la de la humanidad y la del universo entero: crecer hacia la unidad. Unidad con nosotros mismos, en nuestro interior, unidad con los demás, con la naturaleza y con Dios. 

. La historia es la lucha por crecer hacia la unidad, atravesando todas las dificultades y obstáculos que nos nacen de dentro y de fuera y que se reflejan en todas las guerras, violencias e injusticias de ayer y de hoy.

. Pero, en el fondo de esa historia hay una semilla, el sueño de Dios. Algo que se va construyendo, pero no es algo ya realizado. Tiene que hacerse realidad. Su ritmo de crecimiento es lento y oculto, un ritmo que no es el de la eficacia sino el de la fecundidad. 

. En nuestra sociedad se habla más de productividad y eficacia que de fecundidad. Se trata de lograr un efecto deseado con el mínimo de recursos y en el menor tiempo posible. 

. El sueño de Dios se realiza con otro ritmo. El sueño de Dios es algo tan misterioso y dinámico como una semilla en la que está el germen de la vida, pequeña pero con una fuerza arrolladora que la hace crecer cuando encuentra tierra buena.

  ¿Tienen que ver algo nuestros sueños con el sueño de Dios?

. Hay violencias e injusticias pero también deseos de paz y de respeto a los derechos de todos. Hay miedo ante el futuro pero también esperanza. Hay consumismo egoísta pero también solidaridad. Hay indiferencia religiosa pero también nuevas inquietudes.       

. En la 1ª lectura se compara la lluvia que hace  germinar la semilla con la palabra de Dios que cumple el encargo que ha recibido. En la 2ª se habla de que la creación sufre dolores esperando la manifestación del sueño de Dios. En el evangelio se afirma que la palabra hace realidad el sueño de Dios.

·         Cuando sobre la tierra cae el agua, las semillas echan raíces y despliegan sus fuerzas de vida. A veces  nos parece  que el mundo no produce frutos buenos e incluso nosotros mismos tampoco. Pero la Palabra de Dios produce el mismo efecto que el agua sobre la tierra, porque es capaz de despertar el sueño que Dios ha sembrado en cada uno y en el mundo.

. Isaías 55, 10-11 

·         Nuestra vocación es la esperanza y, desde ella, afrontamos las dificultades en espera de que el sueño de Dios se realice en plenitud. Por medio de Cristo hemos sido hechos hijos de Dios y llamados a la libertad.

. Romanos 8, 18-23

·         El sueño de Dios puede venirse abajo. Es el precio que Dios paga por la libertad humana. Escuchar la Palabra de Dios y acogerla es escuchar la llamada que todos llevamos dentro. Entonces florecen los valores que nos hacen plenamente humanos y el sueño de Dios se va haciendo realidad. De nuestra respuesta depende la cosecha.

. Mateo 13, 1-23 

. La 1ª lectura nos invita a realizar la metáfora que anuncia.

. El mundo está empapado del sueño de Dios que como semilla ha sido sembrado. Germinará, porque aunque parte se pierda porque no se responde adecuadamente, otra parte da fruto abundante.

. El apóstol afirma que la creación sufre pero su llanto no es de desesperanza: la creación será transformada.

. No solo la creación sufre sino también los seres humanos. Pero los creyentes aguardan con esperanza la realización del sueño de Dios mientras descubren ya las señales de que ese sueño empieza a realizarse. 

. ¿Qué es lo que queda del esfuerzo evangelizador?

. La parábola responde a esta pregunta. No toda la semilla fructifica, pero esto no justifica el desánimo ni el pesimismo. Hay también tierra buena  que produce cosecha abundante. A veces, una persona sola transforma la realidad donde vive. 

¿Qué obstáculos encontramos para que la Palabra dé frutos abundantes en nosotros?

. La Palabra de Dios es algo que alguien nos transmite.

. Pero esa Palabra, antes de ser anunciada, está inscrita en nuestro interior es lo que llamamos el sueño de Dios. Por eso, lo que ella nos descubre tiene relación con nuestros sueños y deseos más hondos, con nuestras aspiraciones más nobles: libertad, justicia, fraternidad, unidad.

. Escuchar y acoger la Palabra es descubrir los lazos que nos unen con los otros, con la creación y con Dios y trabajar para construir unidad: personas no desintegradas, sino unificadas entre lo que piensan dicen y hacen.

. Acoger la Palabra no es acoger unas normas establecidas en nombre de Dios, sino responder a nuestra vocación humana para lo que Jesús nos ofrece el camino que no es otro que su manera de vivir.

. No acoger la Palabra es fracasar como persona, porque es no seguir el sentido profundo sembrado en nosotros.

. No se necesitan cosechadores  sino sembradores de esa Palabra. No se trata de cosechar éxitos, sino de sembrar, como seguidores de Jesús, palabras de esperanza. No somos malos del todo porque llevamos dentro de nosotros la semilla del sueño de Dios.

. Despertar ese sueño de Dios, dormido en el fondo de tanta gente, es despertar a la vida a tanta gente que viven pero que está muerta. Es despertar la bondad, la generosidad y el amor en mucha gente pequeña y humilde.

. Al celebrar la Eucaristía, Dios hace en nosotros dos siembras.

. Siembra su Palabra que nos hace descubrir lo bueno que llevamos dentro y siembra el Pan de vida que enriquece la nuestra llenándola de sentido.

. Y, como ha dicho el profeta Isaías,  esas palabras no vuelven a Dios sin que cumplan su misión hacernos dar frutos de vida. Depende de cómo la acojamos.

 
         Canto:

Acojamos la Palabra de Dios y seamos sembrador@s de esperanza, para que su sueño se haga realidad en muchas personas.

 

 

(Para oír el canto pulsar sobre el reproductor)

 

 

 


sábado, 4 de julio de 2020

Homilía Domingo 14 del Tiempo Ordinario


. El ritmo de vida  que llevamos nos va desgastando poco a poco.

. Hay cansancios fruto de un vivir acelerado. Hacemos cada vez  más cosas en menos tiempo y eso crea una tensión y agobio que se va acumulando con el paso del tiempo.

. Hay cansancios producidos por una saturación. El móvil, el whatasAap, etc. hacen que estemos siempre localizados, siempre conectados y, a  veces, incluso invadidos.

. Hay otro cansancio que es el peor. Vivimos cansados de nosotros mismos, hartos de nuestra mediocridad, sin encontrar lo que desde el fondo de nosotros mismos deseamos y necesitamos.

. Por todo ello deseamos y necesitamos un tiempo de descanso que nos ayude a liberarnos de tantas tensiones y agobios, de la agitación y las prisas que nos agotan.

¿Qué necesitamos para descansar? ¿Cuándo descansamos?

. Hay quien piensa en las vacaciones como tiempo privilegiado para descansar.

. Para ello, ¿es suficiente con tomar el sol y bañarnos en la playa? ¿O con hacer un viaje? ¿Basta con intentar olvidar nuestros problemas sumergiéndonos en más prisa y ruidos?

. Las vacaciones pueden ayudar a rehacernos pero depende de cómo nos la organicemos nos ayudarán o no a encontrar el descanso interior, la tranquilidad de espíritu que constituyen el descanso que necesitamos.

. Jesús dicta la paz y la justicia desde la humildad de un borrico. Descubre la sabiduría de la vida no a los sabios sino a los sencillos, capaces de escuchar y de admirarse. A esta gente, Jesús invita a encontrar descanso en él.

·         El texto es una invitación a la alegría por la venida de Jesús que prefiere un humilde borrico a los caballos y carros de guerra y que dicta la paz a las naciones. Jesús no complica nuestra vida ni nos oprime, nos ayuda a vivir de manera más humana y feliz. Encontrarse con él es un descanso.

. Zacarías 9, 9-10

·         Pablo habla del dinamismo de la carne y del dinamismo del Espíritu. La carne es el ser humano en su debilidad, incapaz de resistir al mal. El Espíritu designa el aliento que eleva al ser humano a parecerse cada vez más a su creador. Este Espíritu ha resucitado a Jesús, habita en nosotros y nos hace vivir de manera nueva.

. Romanos 6, 9. 11-13

·         Cansados y agobiados son los que sufren por una razón u otra. Jesús dirige a la gente sencilla la Buena Noticia de que Dios nos quiere y quiere que vivamos. Creer en Dios no es una carga insoportable, es arraigar nuestra vida en ese Dios, amigo de la vida, fuente y origen del verdadero descanso.

. Mateo 11, 25-30

. La experiencia monárquica de Israel es ambigua. Conservan el recuerdo del gran rey David, pero también el de otros reyes aborrecidos por el pueblo.

. Zacarías describe a un rey modesto, que cabalga en un borrico que  rompe los arcos de guerra y trae la paz. Es un anuncio de Jesús, Mesías que no vence sino que convence, que no carga ni agobia a nadie sino que ayuda a descansar.

. S. Pablo afirma  que el cristiano no está en la carne sino en el Espíritu

. Estar en la carne significa dejarse llevar por los instintos del tener y el poder. Estar en el Espíritu es dejarse conducir por el Espíritu de Dios que nos hace vivir de manera nueva.

. El relato evangélico lo podemos dividir en dos partes.

. La 1ª es una acción de gracias al Padre porque es acogido por los pequeños y sencillos. Por eso, desde su propia vida y experiencia Jesús bendice al Padre.

. En la  2ª, Jesús se nos ofrece como nuestro descanso para poder afrontar las dificultades de la vida. Seguirle no es un peso que oprime sino amor que nos hace libres.

“Cargad con mi yugo y aprended de mí…y encontraréis vuestro descanso” ¿Qué nos dicen estas palabras de Jesús?

. Somos mucho más importantes que nuestro trabajo y nuestras ocupaciones. Somos seres humanos hechos para vivir, amar, reír, trabajar, descansar, servir.

. Descansar es reconciliarnos con la vida, disfrutar del regalo de la existencia, reencontrarnos con lo mejor de nosotros mismos. Por eso, para descansar no hay que recorrer largas distancias sino encontrar la paz en nuestro interior.

. Jesús pone el mundo al revés y quiere que intentemos poner el mundo al revés colocando al ser humano en el centro y las cosas en función del ser humano. El Reino es un nuevo modo de ser y de vivir para que el mundo sea más humano y fraterno.

. Necesitamos recordar que una vida intensa no es lo mismo que una vida agitada. Necesitamos contemplar la vida, detenernos ante las cosas pequeñas y la gente sencilla y experimentar entonces que la vida nos descansa.

. Necesitamos recordar que el descanso que buscamos se encuentra en el esfuerzo por hacer posible otro mundo y en la alegría compartida, la amistad y la convivencia fraterna.

. Necesitamos arraigar nuestra vida en Dios “amigo de la vida”. ¿Puede descansar el corazón humano sin encontrarse con Dios?. “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os haré descansar”, nos ha dicho Jesús.

. La Eucaristía de cada semana debe ser un rato de profundo descanso.

. Porque es un encuentro con nosotros mismos, iluminado por la Palabra de Dios, un encuentro con los otros, reunidos como comunidad de fe, y un encuentro con la presencia viva de Jesús en el pan de su cuerpo compartido.

. Sólo es necesario, por nuestra parte, que seamos sencillos para acoger este descanso que nos ofrece Jesús, y descubrirlo en signos tan débiles como la Palabra y el Pan que compartimos.


CANTO.

La Palabra de Jesús es anuncio de salvación y liberación y una experiencia nueva desde el amor. Su Palabra es fuerza de esperanza que nos ayuda a caminar y bendigamos al Padre que se revela a los pobres y humildes.



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